jueves, 13 de diciembre de 2012

Poema Futurista

    
    
    ¡Dios vehemente de una raza de acero,
    automóvil ebrio de espacio,
    que piafas de angustia, con el freno en los dientes estridentes!
    ¡Oh formidable monstruo japonés de ojos de fragua,
    nutrido de llamas y aceites minerales,
    hambriento de horizontes y presas siderales
    tu corazón se expande en su taf-taf diabólico
    y tus recios pneumáticos se hinchen para las danzas
    que bailen por las blancas carreteras del mundo!
    Suelto, por fin, tus bridas metálicas.., ¡Te lanzas
    con embriaguez el Infinito liberador!
    Al estrépito del aullar de tu voz…
    he aquí que el Sol poniente va Imitando
    tu andar veloz, acelerando su palpitación
    sanguinolento a ras del horizonte…
    ¡Míralo galopar al fondo de los bosques!...
    ¡Qué importa, hermoso Demonio!
    A tu merced me encuentro… ¡Tómame
    sobre la tierra ensordecido a pesar de todos sus ecos,
    bajo el cielo que ciega a pesar de sus astros de oro,
    camino exasperando mi fiebre y mi deseo,
    con el puñal del frío en pleno rostro!
    De vez en vez alzo mi cuerpo
    para sentir en mi cuello, que tiembla
    la presión de los brazos helados
    y aterciopelados del viento.
    ¡Son tus brazos encantadores y lejanos que me atraen!
    Este viento es tu aliento devorante,
    ¡insondable Infinito que me absorbes con gozo…
    ¡Ah! los negros molinos desmanganillados
    parece de pronto
    que, sobre sus aspas de tela emballenada
    emprenden una loca carrera
    como sobre unas piernas desmesurados…
    He aquí que las Montañas se aprestan a lanzar
    sobre mi fuga capas de frescor soñoliento…
    ¡Allá! ¡Allá! ¡mirad! ¡en ese recodo siniestro!...
    ¡Oh Montañas, Rebaño monstruoso, Mammuths
    que trotáis pesadamente, arqueando los lomos Inmensos,
    ya desfilasteis… ya estáis ahogadas
    en la madeja de las brumas!...
    Y vagamente escucho
    el estruendo rechinante producido en las carreteras
    por vuestras Piernas colosales de las botas de siete leguas…
    ¡Montañas de las frescas capas de cielo!...
    ¡Bellos ríos que respiráis al claro de luna!...
    ¡Llanuras tenebrosas Yo os paso el gran galope
    de este monstruo enloquecido… Estrellas, Estrellas mías,
    ¿oís sus pasos, el estrépito de sus ladridos
    y el estertor sin fin de sus pulmones de cobre?
    ¡Acepto con Vosotras la opuesta,... Estrellas mías …
    ¡Más pronto!... ¡Todavía más pronto
    ¡Sin una tregua¡ ¡Sin ningún reposo
    ¡Soltad los frenos!... ¡Qué! ¿no podéis?...
    ¡Rompedlos!... ¡Pronto!
    ¡Que el pulso del motor centuplique su impulso!
    iHurral ¡no más contacto con nuestra tierra inmunda !
    ¡Por fin me aparto de ella y vuelo serenamente
    por la escintilante plenitud
    de los Astros que tiemblan en su gran lecho azu
l!

   Marinetti