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viernes, 24 de mayo de 2013
sábado, 20 de abril de 2013
El poder de las runas contra el mundo moderno
Las runas esconden un poder mágico ancestral que nuestros antepasados conocían muy bien, en casi todos los confines de Europa se usaban símbolos rúnicos aunque los más conocidos hoy en dia sean los nórdicos. Estos símbolos no eran tan solo un abecedario compuesto por símbolos que servían de lenguaje como cualquier idioma de hoy en dia. Es posible que el lenguaje rúnico fuera más allá, se dice que los sacerdotes paganos que conocían el secreto de las runas lograban una serie de poderes que hoy desconocemos basados en el poder espiritual, aunque puede que esto sean solo habladurías producto de la mitificación de la antigüedad pagana, pero por otra parte lo que es evidente es que hasta el campesino más ignorante conocía el significado básico de las runas y las utilizaba con diversos fines para su vida diaria como gozar de protección, buena suerte o tener buena salud.
Esta involución del hombre europeo que ha olvidado toda esta clase de conocimientos místicos tanto paganos como cristianos, se ha producido debido a la modernidad de éstos últimos siglos que nos ha sumido en un materialismo vacío, degenerándonos cada vez más, alejando al hombre de la espiritualidad y del verdadero sentido de la vida.
Barcelona Zentropista
miércoles, 24 de octubre de 2012
Forever Kalki
La sociedad está podrida. La gente va de un lado a otro, pasando de largo sobre cualquier cosa que importe realmente en su vida. Incluso aquellos que parecen observarla desde fuera porque dicen no seguir la corriente, y se dan cuenta de la mierda que consume nuestras mentes y nuestras almas, no terminan de evadirse de la corrupción que nos bombardea y nos rodea en cada momento de nuestras insulsas vidas. El tiempo de la espiritualidad, del honor y de la coherencia ha sido sustituido y nos ha abandonado forzadamente. Ahora vivimos bajo un orden basado en la mezquindad y el egoísmo, y la hipocresía es la reina en las relaciones sociales. Y no somos felices.
Muy pocos son ya los que conservan una pequeña llama interior que consciente o inconscientemente agita sus conciencias, recordando que en otro tiempo, aunque el mundo material fuera oscurecido por los males que azotan a la humanidad desde el principio de su existencia, predominó la paz interior en los corazones de los hombres, que tenían fuertemente enraizada la esencia verdadera de la vida, la cual les guiaba hacia la luz y les enseñaba a despreciar las tinieblas que conforman la oscura autodestrucción a la que ahora somos propensos.
El valor de lo material, un valor frágil y pasajero, maligno y tentador, ha borrado de nuestras conciencias la importancia de lo espiritual y de la esperanzadora pasión que ello nos infunde a la hora de enfrentarse con la vida, con los demás y con uno mismo.
Quien vea ciertos estos razonamientos puede decidir ser sincero con uno mismo y tratar de mantenerse sobre la época que le ha tocado vivir, o incluso luchar, casi siempre vanamente, por mantener vivas esas pequeñas llamas que van perdiendo fuerza y apagándose, tal y como viven y sobreviven los héroes contra el tiempo.
Estas son mis convicciones, cada día que pasa más claras en mi pensamiento. Y son las razones que me impulsan a escribir y pregonar y llevar con orgullo las palabras que se merece este mundo decadente, senil y caduco: Fuck The World, Folk The World.
NCR
domingo, 30 de septiembre de 2012
Las 7 razas de la teosofía
Advertencia: Hay que tener en cuenta que la Teosofía de la cual derivan los movimientos new age gnósticos y el esoterismo en general, fue obra de la Masonería, con lo cual, no caigáis en la trampa de seguir alguna de éstas creencias, pero es aconsejable conocerlas para saber combatirlas.
Son en número de siete, y están íntimamente relacionadas con la doctrina de la Cadena planetaria. Admitida la séptuple naturaleza del hombre, cada uno de sus principales guarda relación con un plano, un planeta y una raza. Las Razas humanas nacen la una de la otra, crecen, se desarrollan, envejecen y mueren. Las subrazas siguen la misma regla.
Cada Raza-madre, con sus correspondientes subrazas e innumerables subdivisiones en familias y tribus, es enteramente distinta de la Raza que la precede y de la que le sigue. Cada una de las siete Razas, así como la más mínima división de ellas, se divide en cuatro edades: de oro, de plata, de bronce y de hierro.
De las siete Razas, cinco han aparecido ya y han completado casi su cadena terrestre; y otras dos tienen que aparecer todavía en esta Ronda.
Nuestra quinta Raza-madre existe ya como Raza sui géneris y por completo independiente de su tronco-padre, desde hace un millón de años; de lo cual puede inferirse que cada una de sus cuatro subrazas precedentes ha vivido unos 210.000 años; así, cada raza-familia tiene un promedio de existencia de unos 30.000 años; y así también la raza-familia europea tiene aun bastante miles de años de vida, aun cuando las naciones, o sean las innumerables espinas que hay en ella, varían con cada "estación" sucesiva de tres o cuatro mil años. (Doctr. Secr., II, 453, 454).
La quinta Raza (la aria) es la que actualmente sigue su curso en nuestro globo, coexistiendo con una gran parte de la cuarta Raza (constituída por los tártaros, chinos y mongoles), y con algunos restos de la tercera (aborígenes de la Australia y hotentotes). -El curso de las Razas humanas corresponde a los grandes períodos de involución o descenso, de equilibrio y de evolución o ascenso. (Véase: Cadena planetaria).
En el período de involución, o descenso, se desarrollaron las tres primeras Razas; en el de equilibrio se desenvolvió la cuarta Raza, y el período de evolución o ascenso corresponde a las Razas quinta, sexta y séptima. (Doctr. Secr., passim).
Primera Raza
- Apareció bajo la protección del Sol (o más bien de Urano, que místicamente lo representa). Por residir la conciencia en el plano âtmico, estas formas fueron denominadas Raza de los Dioses, hijos del Yoga, (pues los Pitris emanaron sus sombras (chhâyâs) mientras se hallaban entregados a la meditación), y nacidos de sí mismos, por no haberlos procreado padres humanos.
Son formas enormes, filamentosas, proteicas y etéreas, bhûtas sin sexo, exudadas de los etéreos cuerpos de sus progenitores. Podían estos seres estar parados, andar, correr, volar; sin embargo, no eran más que un chhâyâ, una sombra insensible, dotada sólo de un oído rudimentario y de una vaga conciencia del fuego.
Esta Raza se reproducía por escisión o brote; el individuo crecía, aumentaba en tamaño, y entonces se dividía en dos mitades iguales, al principio, y en sus últimas etapas en porciones desiguales, de las que dimanaban seres más pequeños, que a su vez crecían y daban origen a nueva prole. En esta primera Raza no hubo ninguna primera subraza definida, si bien podemos indicar siete etapas de desarrollo o cambios evolucionarios. Ninguno de estos seres podía morir, "ni el fuego ni el agua podían destruirlos". El fuego era su elemento.
Esta Raza residía en la primera tierra firme que apareció en el globo, el pico del Monte Merú, el extremo del polo Norte, el comienzo de la imperecedera Tierra Sagrada, la tierra de los devas, llamada también Zvetadvîpa, la Isla Blanca o Tierra central, cuyo clima era como el de una deliciosa primavera.
Esta tierra ha de ser sucesivamente la cuna de cada Raza humana bajo el Imperio de Dhruva, el Señor de la Estrella Polar, cualquiera que sea el punto adonde haya de dirigirse después de su nacimiento.
Segunda Raza
- Nació bajo la influencia del planeta Júpiter (Brihaspati). Los espíritus de la Naturaleza o devas inferiores conglomeraron en derredor de los chhâyâs (sombras) películas de materia más densa, formando una especie de tupida envoltura externa, y lo exterior, (el chhâyâ) de la primera Raza vino a ser lo interior (el doble etéreo) de la segunda. Estas formas filamentosas y de brillantes colores (amarillo de oro, anaranjado, etc.), heterogéneas en apariencia, de figura diversa, semejaban vegetales o animales, y a menudo tenían unos contornos semihumanos.
Flotaban en el espacio, trepaban, deslizábanse de acá para acullá, y se llamaban con unos sonidos aflautados. La conciencia de la Mónada en esta Raza responde débilmente a la conciencia búddhica. Adquiere un nuevo sentido, el del tacto, respondiendo así a las impresiones del aire y del fuego. Esta Raza ofrecía dos principales tipos de reproducción: por expansión y brote (generación sexual), y por medio del sudor con indicios de sexualidad, por lo que se dio a sus individuos el nombre de andróginos latentes.
Esta Raza pasó a residir en el segundo Continente, llamado Hiperbóreo o Plakcha, que ocupaba el actual norte de Asia, junto con Groenlandia y la península de Kamschatka. Formaban también parte de este continente la isla de Spitzber, Suecia y Noruega, extendiéndose por el sudoeste hasta más allá de las Islas Británicas.
La bahía de Baffin era entonces tierra firme. El clima era tropical, y el suelo estaba cubierto de abundante vegetación.
Tercera Raza (Lemuriana)
- Ofrece tres tipos perfectamente definidos que designaremos con los nombres de tercera prima, tercera media y tercera última. La tercera prima nació bajo el imperio de Zukra (Venus), gracias a cuya influencia se desarrollaron los hermafroditas, quedando las razas separadas bajo Lohitânga (Marte), que es la encarnación de Kâma o naturaleza pasional. Como todas las formas entonces existentes en la tierra, el hombre era de estatura gigantesca.
Era rojo con mucha variedad de matices; tenía la frente deprimida, la nariz chata y las mandíbulas abultadas y salientes. Los divinos andróginos eran de un hermoso y espléndido tinte rojo dorado.
En esta Raza se desarrolló el órgano de la visión; al principio era un ojo único en medio de la frente (llamado más tarde tercer ojo), que brillaba como una joya en su órbita; más adelante fueron dos ojos, pero éstos no tuvieron completo uso hasta la tercera subraza de la tercera Raza; y únicamente en la cuarta Raza, cuando el tercer ojo retrocedió al interior convirtiéndose en glándula pineal, añadió el sentido de la vista a los del oído y del tacto.
En cuanto a la conciencia, la tercera Raza, por su contacto con Âtma-Buddhi-Manas, demostró trinidad. A la conciencia de los contactos del fuego y del aire, añadió los del agua. El lenguaje pasó a ser monosílabico.
La reproducción era de tres tipos: en la primera subraza se efectuaba por gotas de sudor, y apenas se distinguía el signo sexual en el cuerpo; gradualmente apareció la generación ovípara (tercera y cuarta subraza), produciendo seres hermafroditas al principio, y más tarde con predominio de un solo sexo, hasta que por fin nacieron del huevo varones y hembras; en la quinta subraza empieza el huevo a quedar retenido en el seno materno, y nace la criatura débil y desvalida; por último, en la sexta y séptima subrazas ya es general la generación por ayuntamiento de sexos.
El hombre de la tercera Raza era contemporáneo del pterodáctilo, del megalosauro y otros animales gigantescos. La cuna de esta Raza fue la Lemuria, llamada Zâlmali en las historias antiguas.
Cuarta Raza (Atlántica)
- Fue engendrada por la tercera Raza unos ocho millones de años atrás, a cuyo fin el Manú de la cuarta Raza eligió de entre la anterior los tipos más adecuados, a quienes condujo a la imperecedera Tierra sagrada para librarlos del cataclismo lemuriano. Nació la cuarta Raza bajo la influencia de Soma (la Luna) y de Zani (Saturno); a la influencia de este último astro se debió en parte muy principal el gran desarrollo de la inteligencia concreta que caracteriza la subraza tolteca.
El lenguaje era aglutinante; pero andando el tiempo adquirió flexión, y en esa modalidad se transmitió a la quinta Raza. Cuna de la cuarta Raza fue el vastísimo continente de la Atlántida. (Véase esta palabra). La inmensa mayoría de los habitantes del globo pertenece todavía a la cuarta Raza.
Las siete subrazas de ésta son:
la Ramoahal
la Tlavatli
la Tolteca
la Turania
la Semítica
la Akkadiana
la Mongólica
Entre ellas merece mencionarse, por su alto grado de civilización, la tolteca, que conocía a fondo la química, la astronomía, la agricultura y la alquimía; estaba también muy versada en la magia negra, gran parte de la cual tenía por instrumento el hábil empleo de los "rayos obscuros" de la luna, o sean las emanaciones de la porción obscura de este astro.
Quinta Raza (Aria)
- Es la actual raza blanca del globo. Se desarrolló bajo la protección de Budha (Mercurio), pues su principal objetivo era el desenvolvimiento de la mente, y a este fin, el planeta de la sabiduría bañó con sus benéficos efluvios la cuna de la Raza. Hace ya un millón de años el Manú Vaivasvata seleccionó de entre la subraza semítica de la Raza atlántica las simientes de la quinta Raza-madre y las condujo a la imperecedera Tierra sagrada.
Edad tras edad, fue modelando el núcleo de la humanidad futura. Allí se añadió el quinto sentido (olfato) a los otro cuatro, quedando el hombre tal como es en el estado presente. Allí el Manú congregó las más brillantes inteligencias y los caracteres más puros para que renazcan en las formas que El desarrolla. Una vez que hubo establecido el tipo de su Raza, la condujo al Asia Central, en donde moró por largo tiempo, fijando allí la residencia de la Raza cuyos brotes habían de ramificarse en diversas direcciones.
Esta Raza tiene las siguientes subrazas:
la Aria
la Ario-semítica
la Irania
la Céltica
la Teutónica
La sexta y la séptima florecerán en el Norte y Sur de América.
Sexta Raza
- Estará caracterizada por su desarrollo espiritual, por la adquisición del sexto sentido, o sea la clarividencia astral, y por sus tendencias unitarias.
Poblará el continente Zâha, cuya emersión inicial ocurrirá en el punto donde actualmente se halla la América del Norte, que con antelación habrá sido cuarteada por terremotos y fuegos volcánicos.
Séptima Raza
- Se caracterizará por su completo desarrollo espiritual, por la adquisición del séptimo sentido, o sea la clarividencia mental, y por el pleno reconocimiento de la unidad. Florecerá en el séptimo continente, llamado Pukchara, cuyo centro ha de estar en el punto en donde se halla actualmente la América del Sur.
Al terminar la vida geológica de este continente, sobrevendrá el fin de nuestro globo, cayendo en apacible sueño después del larguísimo día de trabajo y vigilia.
Son en número de siete, y están íntimamente relacionadas con la doctrina de la Cadena planetaria. Admitida la séptuple naturaleza del hombre, cada uno de sus principales guarda relación con un plano, un planeta y una raza. Las Razas humanas nacen la una de la otra, crecen, se desarrollan, envejecen y mueren. Las subrazas siguen la misma regla.
Cada Raza-madre, con sus correspondientes subrazas e innumerables subdivisiones en familias y tribus, es enteramente distinta de la Raza que la precede y de la que le sigue. Cada una de las siete Razas, así como la más mínima división de ellas, se divide en cuatro edades: de oro, de plata, de bronce y de hierro.
De las siete Razas, cinco han aparecido ya y han completado casi su cadena terrestre; y otras dos tienen que aparecer todavía en esta Ronda.
La quinta Raza (la aria) es la que actualmente sigue su curso en nuestro globo, coexistiendo con una gran parte de la cuarta Raza (constituída por los tártaros, chinos y mongoles), y con algunos restos de la tercera (aborígenes de la Australia y hotentotes). -El curso de las Razas humanas corresponde a los grandes períodos de involución o descenso, de equilibrio y de evolución o ascenso. (Véase: Cadena planetaria).
En el período de involución, o descenso, se desarrollaron las tres primeras Razas; en el de equilibrio se desenvolvió la cuarta Raza, y el período de evolución o ascenso corresponde a las Razas quinta, sexta y séptima. (Doctr. Secr., passim).
- Apareció bajo la protección del Sol (o más bien de Urano, que místicamente lo representa). Por residir la conciencia en el plano âtmico, estas formas fueron denominadas Raza de los Dioses, hijos del Yoga, (pues los Pitris emanaron sus sombras (chhâyâs) mientras se hallaban entregados a la meditación), y nacidos de sí mismos, por no haberlos procreado padres humanos.
Son formas enormes, filamentosas, proteicas y etéreas, bhûtas sin sexo, exudadas de los etéreos cuerpos de sus progenitores. Podían estos seres estar parados, andar, correr, volar; sin embargo, no eran más que un chhâyâ, una sombra insensible, dotada sólo de un oído rudimentario y de una vaga conciencia del fuego.
Esta Raza se reproducía por escisión o brote; el individuo crecía, aumentaba en tamaño, y entonces se dividía en dos mitades iguales, al principio, y en sus últimas etapas en porciones desiguales, de las que dimanaban seres más pequeños, que a su vez crecían y daban origen a nueva prole. En esta primera Raza no hubo ninguna primera subraza definida, si bien podemos indicar siete etapas de desarrollo o cambios evolucionarios. Ninguno de estos seres podía morir, "ni el fuego ni el agua podían destruirlos". El fuego era su elemento.
Esta Raza residía en la primera tierra firme que apareció en el globo, el pico del Monte Merú, el extremo del polo Norte, el comienzo de la imperecedera Tierra Sagrada, la tierra de los devas, llamada también Zvetadvîpa, la Isla Blanca o Tierra central, cuyo clima era como el de una deliciosa primavera.
Esta tierra ha de ser sucesivamente la cuna de cada Raza humana bajo el Imperio de Dhruva, el Señor de la Estrella Polar, cualquiera que sea el punto adonde haya de dirigirse después de su nacimiento.
Segunda Raza
- Nació bajo la influencia del planeta Júpiter (Brihaspati). Los espíritus de la Naturaleza o devas inferiores conglomeraron en derredor de los chhâyâs (sombras) películas de materia más densa, formando una especie de tupida envoltura externa, y lo exterior, (el chhâyâ) de la primera Raza vino a ser lo interior (el doble etéreo) de la segunda. Estas formas filamentosas y de brillantes colores (amarillo de oro, anaranjado, etc.), heterogéneas en apariencia, de figura diversa, semejaban vegetales o animales, y a menudo tenían unos contornos semihumanos.
Flotaban en el espacio, trepaban, deslizábanse de acá para acullá, y se llamaban con unos sonidos aflautados. La conciencia de la Mónada en esta Raza responde débilmente a la conciencia búddhica. Adquiere un nuevo sentido, el del tacto, respondiendo así a las impresiones del aire y del fuego. Esta Raza ofrecía dos principales tipos de reproducción: por expansión y brote (generación sexual), y por medio del sudor con indicios de sexualidad, por lo que se dio a sus individuos el nombre de andróginos latentes.
Esta Raza pasó a residir en el segundo Continente, llamado Hiperbóreo o Plakcha, que ocupaba el actual norte de Asia, junto con Groenlandia y la península de Kamschatka. Formaban también parte de este continente la isla de Spitzber, Suecia y Noruega, extendiéndose por el sudoeste hasta más allá de las Islas Británicas.
La bahía de Baffin era entonces tierra firme. El clima era tropical, y el suelo estaba cubierto de abundante vegetación.
Tercera Raza (Lemuriana)
- Ofrece tres tipos perfectamente definidos que designaremos con los nombres de tercera prima, tercera media y tercera última. La tercera prima nació bajo el imperio de Zukra (Venus), gracias a cuya influencia se desarrollaron los hermafroditas, quedando las razas separadas bajo Lohitânga (Marte), que es la encarnación de Kâma o naturaleza pasional. Como todas las formas entonces existentes en la tierra, el hombre era de estatura gigantesca.
Era rojo con mucha variedad de matices; tenía la frente deprimida, la nariz chata y las mandíbulas abultadas y salientes. Los divinos andróginos eran de un hermoso y espléndido tinte rojo dorado.
En esta Raza se desarrolló el órgano de la visión; al principio era un ojo único en medio de la frente (llamado más tarde tercer ojo), que brillaba como una joya en su órbita; más adelante fueron dos ojos, pero éstos no tuvieron completo uso hasta la tercera subraza de la tercera Raza; y únicamente en la cuarta Raza, cuando el tercer ojo retrocedió al interior convirtiéndose en glándula pineal, añadió el sentido de la vista a los del oído y del tacto.
En cuanto a la conciencia, la tercera Raza, por su contacto con Âtma-Buddhi-Manas, demostró trinidad. A la conciencia de los contactos del fuego y del aire, añadió los del agua. El lenguaje pasó a ser monosílabico.
La reproducción era de tres tipos: en la primera subraza se efectuaba por gotas de sudor, y apenas se distinguía el signo sexual en el cuerpo; gradualmente apareció la generación ovípara (tercera y cuarta subraza), produciendo seres hermafroditas al principio, y más tarde con predominio de un solo sexo, hasta que por fin nacieron del huevo varones y hembras; en la quinta subraza empieza el huevo a quedar retenido en el seno materno, y nace la criatura débil y desvalida; por último, en la sexta y séptima subrazas ya es general la generación por ayuntamiento de sexos.
El hombre de la tercera Raza era contemporáneo del pterodáctilo, del megalosauro y otros animales gigantescos. La cuna de esta Raza fue la Lemuria, llamada Zâlmali en las historias antiguas.
Cuarta Raza (Atlántica)
- Fue engendrada por la tercera Raza unos ocho millones de años atrás, a cuyo fin el Manú de la cuarta Raza eligió de entre la anterior los tipos más adecuados, a quienes condujo a la imperecedera Tierra sagrada para librarlos del cataclismo lemuriano. Nació la cuarta Raza bajo la influencia de Soma (la Luna) y de Zani (Saturno); a la influencia de este último astro se debió en parte muy principal el gran desarrollo de la inteligencia concreta que caracteriza la subraza tolteca.
El lenguaje era aglutinante; pero andando el tiempo adquirió flexión, y en esa modalidad se transmitió a la quinta Raza. Cuna de la cuarta Raza fue el vastísimo continente de la Atlántida. (Véase esta palabra). La inmensa mayoría de los habitantes del globo pertenece todavía a la cuarta Raza.
Las siete subrazas de ésta son:
la Tlavatli
la Tolteca
la Turania
la Semítica
la Akkadiana
la Mongólica
Quinta Raza (Aria)
- Es la actual raza blanca del globo. Se desarrolló bajo la protección de Budha (Mercurio), pues su principal objetivo era el desenvolvimiento de la mente, y a este fin, el planeta de la sabiduría bañó con sus benéficos efluvios la cuna de la Raza. Hace ya un millón de años el Manú Vaivasvata seleccionó de entre la subraza semítica de la Raza atlántica las simientes de la quinta Raza-madre y las condujo a la imperecedera Tierra sagrada.
Edad tras edad, fue modelando el núcleo de la humanidad futura. Allí se añadió el quinto sentido (olfato) a los otro cuatro, quedando el hombre tal como es en el estado presente. Allí el Manú congregó las más brillantes inteligencias y los caracteres más puros para que renazcan en las formas que El desarrolla. Una vez que hubo establecido el tipo de su Raza, la condujo al Asia Central, en donde moró por largo tiempo, fijando allí la residencia de la Raza cuyos brotes habían de ramificarse en diversas direcciones.
Esta Raza tiene las siguientes subrazas:
la Ario-semítica
la Irania
la Céltica
la Teutónica
Sexta Raza
- Estará caracterizada por su desarrollo espiritual, por la adquisición del sexto sentido, o sea la clarividencia astral, y por sus tendencias unitarias.
Poblará el continente Zâha, cuya emersión inicial ocurrirá en el punto donde actualmente se halla la América del Norte, que con antelación habrá sido cuarteada por terremotos y fuegos volcánicos.
Séptima Raza
- Se caracterizará por su completo desarrollo espiritual, por la adquisición del séptimo sentido, o sea la clarividencia mental, y por el pleno reconocimiento de la unidad. Florecerá en el séptimo continente, llamado Pukchara, cuyo centro ha de estar en el punto en donde se halla actualmente la América del Sur.
Al terminar la vida geológica de este continente, sobrevendrá el fin de nuestro globo, cayendo en apacible sueño después del larguísimo día de trabajo y vigilia.
martes, 3 de abril de 2012
lunes, 26 de marzo de 2012
Sol Invictus
Invictus (invicto) era un epíteto utilizado para diversas divinidades romanas en el Imperio Romano. En el calendario romano de principios del Imperio éstos incluyen Júpiter Invictus Invictus y Marte. Fue en el uso de la República tardía y durante todo el periodo imperial para una variedad de deidades, como Hércules, Apolo y Silvano, y por lo tanto una forma bien establecida cuando se aplica a Mitra por los devotos romanos a partir del siglo 2 º . Tiene una clara asociación con deidades solares y el monismo solar, como tal, se convirtió en el epíteto preferido de Sol tradicional de Roma y la novela, de corta duración culto estatal romano Heliogábalo, una deidad Emesan solar que dirigió panteón oficial de Roma bajo el emperador del mismo nombre.
El uso más antiguo fechado del Sol Invicto se encuentra en una dedicación por parte de Roma, el año 158, aunque existen referencias más antiguas como la siguiente, fechada estilísticamente para el siglo segundo, se inscribe en un phalera romano: ". Inventori lucis soli invicto Augusto" (el artífice de la luz , Sol Invictus Augustus). Estos son los primeros ejemplos atestiguados de Sol Invictus como, pero en el año 102 a Aniceto cierta restaurar un templo del Sol;. Hijmans es tentado a "vincular la predilección Aniceto "de Sol con su nombre, la forma latinizada de la palabra griega ἀνίκητος, lo que significa Invictus". Se diferencia de los primeros cultos del Sol Indiges "el sol nacido" o "el sol invocado" - La etimología y el significado de la palabra "indiges" es debatido, el título Deus Sol Invictus se formó a partir de analogías con el título imperial "titulature plus felix invictus" (latín "laborioso afortunado, inconquistado"). El Festival del Nacimiento del Sol Inconquistado (Dies Natalis Solis Invicti) se celebraba cuando la luz del día aumentaba después del solsticio de invierno, en alusión al "renacimiento" del sol. Este Festival corría desde el 22 al 25 de diciembre. Durante el Imperio romano, el culto a Mitra se desarrolló como una religión mistérica, y se organizaba en sociedades secretas, exclusivamente masculinas, de carácter esotérico e iniciático. Gozó de especial popularidad en ambientes militares. Obligaba a la honestidad, pureza y coraje entre sus adeptos. Las excavaciones iniciadas en 1857 bajo la iglesia de San Clemente, en Roma, mostraron que estaba construida sobre una iglesia paleocristiana del siglo IV, y esta a su vez sobre un templo dedicado a Mitra. Por los hallazgos arqueológicos se sabe que es una religión de origen persa, adoptada por los romanos en el año 62 a. C., que compitió con el cristianismo hasta el siglo IV.
La religión de Sol Invictus provenía principalmente del Mitraísmo. Algunas de sus características eran estas:
• El mitraísmo tenía rasgos de profundo simbolismo moral.
• Era un culto totalmente cerrado, cofradía, que en eso recuerda al cristianismo de los primeros siglos, con sus agrupamientos exclusivos y su culto enteramente secreto.
• El secreto del mitraísmo no era la fe sino los ritos. Ritos de sacrificio y mitos de sacrificio como en el cristianismo (Cristo entregado a la muerte para borrar los pecados de los hombres).
• Las cofradías de Mitra admitían solamente varones y no mujeres quienes no participaban en las funciones del culto.
• Los reyes honraban a Mitra, lo tomaban como testimonio de sus juramentos y lo invocan en los combates.
• La trinidad cristiana (a diferencia del dios único del judaísmo) se asemeja a la trinidad de los cultos politeistas mitríacos (Padre Zeus-Ormazd, Mitra y toro).
• Zeus-Ormazd (el Zeus griego que es el Ormazd persa) era el dios Padre supremo, pero Mitra era el verdadero objeto de la religión. El grado supremo del dios era el de Padre, cuya dignidad correspondía a la de Mitra en el cielo.
• El joven dios era hermoso, valiente, puro y enseñaba una moral austera que practicaba él mismo.
• La idea de la salvacion: el salvador cristiano se asemeja a los dioses salvadores de misterio, Mitra era un dios salvador y sufriente.
• El mito del sacrificio del toro (sacrificio simbólico durante el rito) a manos de Mitra tenía como finalidad la redención e inmortalidad de los adeptos. Sobre el sacrificio del toro (representando a Mitra) reposaba el equilibrio del mundo y la salvación de los hombres.
• El banquete ritual de los fieles de Mitra tenía similitudes con la eucaristía cristiana. A veces probablemente se sacrificaban toros reales pero no se comía carne de toro, la bebida sagrada (según algunos era agua y según otros era vino) que representaba la sangre del toro eran la sustancia del toro místico y divino que era Mitra. Se consumía (simbolizada en la bebida sagrada) junto con la ofrenda del pan durante la cena o eucaristía mítrica. La sustancia del toro divino estaba en el pan de la cena de los iniciados tal como estará la sustancia de Cristo en el alimento de los bienaventurados.
• Luego de la celebración de la oblación del pan aparecía una imagen de la resurrección de Mitra.
• La intención del rito era la misma: el Soldado se consagraba a Mitra, como el cristiano a Cristo.
• El culto de Mitra conocía la semana con consagración de los siete días a las siete divinidades planetarias pero a diferencia de los judíos santificaban el día del Sol, el domingo, y no el sábado.
• El sacerdote era un iniciado del grado superior, un Padre.
• Mitra también bautizaba a sus creyentes y prometía la expiación de los pecados por el efecto del baño. Sólo en este culto se unía al bautismo la imposición de un signo en la frente, como en la Iglesia cristiana.
Existen realmente pocos textos escritos por autores mitraístas. Se conservan algunas pinturas e inscripciones, así como descripciones de esta religión por parte de sus oponentes, entre los que hay neoplatónicos y cristianos. Buena parte de lo que ha circulado acerca de este mitraísmo se ha basado en las teorías de un erudito belga llamado Franz Cumont. Su obra titulada Los misterios de Mitra, publicada en 1903 condujo a aseveraciones por parte de la Escuela de la historia de las religiones en el sentido de que el mitraísmo había influenciado algunas prácticas del incipiente cristianismo. Con el tiempo, esto provocó que en ambientes más populares que académicos, y junto con la semilla que Kersey Graves había plantado con su libro (considerado de pseudo-historia, por estudiosos tanto cristianos1 como no cristianos2 ) "The World's Sixteen Crucified Saviors" en 1875, se ha formado una leyenda urbana muy elaborada sobre un presunto nacimiento virginal de Mitra, así como de una supuesta muerte y resurrección de este personaje, y varios puntos más que relacionan íntimamente su vida con la de Jesús de Nazaret. Esta hipótesis no tiene fundamento histórico,3 y no se corresponde con los datos que se tienen sobre el Mitraísmo,4 ni con la historia que se puede extraer de los hallazgos históricos sobre Mitra.5 (Para ver más información acerca de la historia de Mitra, dirigirse a Mitraísmo). Entre 1913 y 1914 el sacerdote, padre, teólogo católico, filósofo e historiador francés, Alfred Loisy, profesor en el Collège de France, publicó sus estudios sobre el origen del cristianismo en la Revue d’histoire et de Littérature religieuses. En 1919 los publicó en formato de libro con el nombre de Los misterios paganos y el misterio cristiano. La primera edición se agotó rápidamente y hubo que reimprimirla luego que Loisy la revisara y corrigiera. En su libro Loisy realizó una discusión profunda y minuciosa de los testimonios concernientes hasta esa época sobre las religiones de los misterios paganos y su influencia en los orígenes históricos del cristianismo.
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