martes, 13 de noviembre de 2012

Cuando el Barça no admitía catalanes

Fernando Díaz Villanueva.- Las cosas no son lo que parecen. Tal vez hoy el FC Barcelona sea el símbolo del catalanismo, pero no siempre fue así. El Español nació porque los españoles no podían jugar en el Barça.
En 1899 llegó a Barcelona procedente de Lyon un joven atleta suizo. Se llamaba Hans-Max Gamper y había nacido 22 años antes en Winterthur, una industriosa ciudad del cantón de Zúrich. Gamper no sabía hablar español ni catalán. A cambio se desenvolvía con soltura en francés y en alemán, su lengua madre. Un mal comienzo para triunfar en la Barcelona del cambio de siglo, pero, arrojado como era, desconocer las lenguas locales no le arredró. Nada más llegar empezó a establecer fructíferas relaciones sociales con los más jóvenes de la comunidad extranjera en la Ciudad Condal, en aquel entonces relativamente numerosa dada la condición de Barcelona como capital económica de España.
Los colores del Basilea
Ese mismo año, Gamper, que aspiraba a vivir del deporte, algo inédito hasta aquella época y reservado a los señoritos de la burguesía, quiso entrar en el Gimnasio Tolosa, alma máter del primer club de fútbol de Barcelona: el Catalán Sport Club. Y ahí fue donde saltó la chispa. El gimnasio le denegó la entrada por tratarse de un extranjero, pero Gamper era obstinado, así que decidió montar un club de fútbol a instancias del Gimnasio Solé, otro de los centros donde se reunían los aún escasos aficionados a ese deporte de la ciudad.
Mas ha embarcado en su proyecto secesionista no sólo al Barcelona, sino también al Español. El 29 de noviembre de 1899 se fundó oficialmente el llamado Club Football of Barcelona. Gamper, que había jugado como capitán años antes en el equipo de la ciudad suiza de Basilea, no se rompió la cabeza y escogió como colores de la camiseta los mismos que los de su antiguo club: el azul y el granate. Hoy, más de un siglo después ambos equipos –el suizo y el español– siguen vistiendo la misma camiseta. Las coincidencias entre el Basilea y el Barcelona no quedan ahí. El escudo es de similar diseño y comparten idéntico balón de cuero.
Un escudo coronado
Aquel Club Football of Barcelona era sólo para extranjeros por expreso deseo del propio Gamper, que aún andaba escocido tras la negativa del Catalán Sport Club por no admitirle como jugador. Su fundador no se sentía todavía demasiado atado ni a la ciudad ni al país que acababa de acogerle en su voluntario exilio. El primer presidente del club fue el inglés Walter Wild, que también era jugador, tras pedírselo Gamper personalmente. El fútbol, a fin de cuentas, era algo de propio de ingleses que lo habían inventado sólo 30 años antes.
Pero la afición a este deporte crecía rápidamente en toda Europa. Los jóvenes, especialmente los de la bien alimentada y ociosa clase alta, se pirraban por el balompié. Con el CF Barcelona de Gamper, cerrado a los aspirantes nacionales, un estudiante de ingeniería industrial llamado Ángel Rodríguez Ruiz se juntó con otros dos compañeros (Octavio Aballí y Luis Roca) para crear un nuevo club, al que dieron el nombre de Sociedad Española de Football. La plantilla del nuevo equipo era en su práctica totalidad de origen catalán con la excepción de un par de vascos y un andaluz. Respecto a los colores, la Sociedad Española de Football, conocida ya, simplemente, como “el Español”, se decantó por el azul y el blanco en homenaje a los almogávares y en particular a su caudillo, Roger de Lauria.
La rivalidad entre ambos equipos no tardó en manifestarse. Durante los primeros años el Barcelona era el equipo de los extranjeros, en su mayoría ingleses y alemanes, mientras que el Español era el de los locales. Tal vez por eso, años después, el rey Alfonso XIII les concedió el título de Real y la corona que hoy remata su escudo y que todavía nadie se ha atrevido a quitar.

Fuente: Alerta Digital