martes, 8 de enero de 2013

La paz empieza nunca (1960)


Tu y yo y muchos más estaremos así hasta el fin, pertenecemos a un grupo de españoles a quien ha tocado renunciar a nuestra paz, a nuestra intimidad familiar, para nosotros López... la paz empieza nunca.


ACAB

Tu fui, ego eris

El encuentro de los tres vivos y los tres muertos, es una de las más clásicas alegorías medievales en torno a la muerte y por ende, al mismo sentido de la vida, y es opuesta a la visión descaradamente vitalista (e incluso nihilista) que trasmite la Danza Macabra, la otra gran alegoría mortuoria medieval.
Su origen parece estar en la crisis espiritual qué vivió Europa en el siglo XIV, ligada a fenómenos como la peste negra o la Guerra de los 100 Años, que recordarán al hombre de aquel de entonces, la naturaleza breve que tiene la vida humana y la necesidad de dar a esta, un sentido que trascienda de las mismas sombras de la muerte, muy en consonancia con la idea del buen morir o“ars moriendi”.
La leyenda cuenta la historia de tres jóvenes de diferente sexos en la plenitud de su vida, que durante una cacería sufren el encuentro con tres horripilantes cadáveres animados de carne putrefacta y cubiertos apenas por sus raídos sudarios. Los jóvenes, ante la indescriptible visión, tratarán de huir a lomos de sus corceles, pero los aparecidos pronunciarán entonces una aterradora sentencia: Tu fui, ego eris (lo que soy, tú serás), lo cual recordará a los inconscientes mancebos la brevedad de sus pequeñas existencias y que los placeres, al igual que la juventud, son efímeros, siendo necesario encauzar ésta, hacia fines excelsos más allá del hedonismo y la autocomplacencia.
En estos tiempos vacuos y vulgares, de ocio descerebrante y absoluta carencia de valores, creemos que el recordatorio que dicho relato lleva consigo, deberíamos tenerlo presente más que nunca, enfocando nuestras vidas hacia algo más que llenar el buche y satisfacer nuestros bajos deseos, pues llegarán un día en que todas esas viandas se tornarán amargas cenizas en nuestros labios y lamentaremos el tiempo despreciado que bien podríamos haber empleado en la consecución de logros trascendentes, tanto para nosotros como para nuestros semejantes.

El encuentro de los tres vivos y los tres muertos, es una de las más clásicas alegorías medievales en torno a la muerte y por ende, al mismo sentido de la vida, y es opuesta a la visión descaradamente vitalista (e incluso nihilista) que trasmite la Danza Macabra, la otra gran alegoría mortuoria medieval.
Su origen parece estar en la crisis espiritual qué vivió Europa en el siglo XIV, ligada a fenómenos como la peste negra o la Guerra de los 100 Años, que recordarán al hombre de aquel de entonces, la naturaleza breve que tiene la vida humana y la necesidad de dar a esta, un sentido que trascienda de las mismas sombras de la muerte, muy en consonancia con la idea del buen morir o“ars moriendi”.
La leyenda cuenta la historia de tres jóvenes de diferente sexos en la plenitud de su vida, que durante una cacería sufren el encuentro con tres horripilantes cadáveres animados de carne putrefacta y cubiertos apenas por sus raídos sudarios. Los jóvenes, ante la indescriptible visión, tratarán de huir a lomos de sus corceles, pero los aparecidos pronunciarán entonces una aterradora sentencia: Tu fui, ego eris (lo que soy, tú serás), lo cual recordará a los inconscientes mancebos la brevedad de sus pequeñas existencias y que los placeres, al igual que la juventud, son efímeros, siendo necesario encauzar ésta, hacia fines excelsos más allá del hedonismo y la autocomplacencia.
En estos tiempos vacuos y vulgares, de ocio descerebrante y absoluta carencia de valores, creemos que el recordatorio que dicho relato lleva consigo, deberíamos tenerlo presente más que nunca, enfocando nuestras vidas hacia algo más que llenar el buche y satisfacer nuestros bajos deseos, pues llegarán un día en que todas esas viandas se tornarán amargas cenizas en nuestros labios y lamentaremos el tiempo despreciado que bien podríamos haber empleado en la consecución de logros trascendentes, tanto para nosotros como para nuestros semejantes.

Pintura inconformista


lunes, 7 de enero de 2013

Acca Larenzia



 Primero fueron dos niños, los hermanos Mattei, quemados por ser hijos de un dirigente local del MSI. Dos años después caía asesinado a golpes el estudiante del FUAN, Caravella Mikis Mantakas. Le seguirían durante los años siguientes Mario Zichieri y Bruno Giudici. Pero habría que esperar al año 1977 para que la izquierda diera un importante golpe contra el ambiente identitario romano.

Eran las 18:20 horas de la tarde del día 7 de enero de 1978. Tres jóvenes miembros del Frente de la Juventud del MSI regresaban de un concierto del grupo de música alternativa “Gli Amicci del vento”, hacia su sede local de Acca Larenzia, en el popular barrio romano de Tuscolino. En las inmediaciones de dicho local les esperaba un comando izquierdista que abrió fuego contra ellos, causando la muerte inmediata de Franco Bigonzetti, estudiante de medicina de 20 años y heridas de gravedad a Vincenzo Segneri y Francesco Ciavatta, estudiantes de 18 años. El primero pudo refugiarse tras la puerta blindada de la sede, el segundo sería rematado por la espalda mientras intentaba huir ya gravemente herido. El comando terrorista bajo las siglas Núcleos Armados de Contrapoder Territorial reivindicaba el atentado de la siguiente manera: “Un núcleo armado después de un cuidadoso trabajo de contrainformación y control en el basurero de Via Acca Laranzia ha golpeado a los topos negros en el exacto momento en el cual estos estaban saliendo para realizar su enésima acción escuadrista. Que no se ilusionen los camaradas, la lista todavía es larga”.

Tras conocerse la noticia, miles de jóvenes tomaron las calles deRoma en actos de protesta por el atentado. En el marco de dichos disturbios caía asesinado de un tiro en la frente Stefano Recchioni, de 19 años, miembro de la sección de Colle Oppio del FdG y guitarrista del grupo “Janus”. El autor de los disparos fue el capitán de carabineros Eduardo Sivori, absuelto de cualquier cargo posteriormente. Justo un año después, en el curso de una manifestación de protesta por el atentado y sobretodo por la pasividad estatal ante estos hechos, muere también abatido a tiros por la policía el militante misino Alberto Giaquinto de 17 años, también su asesino fue absuelto sin cargos. Los asesinatos de Acca Larenzia marcan el inicio de los llamados “años de plomo”, una época en la que “matar a un fascista no era delito” y en la que las sedes de las secciones juveniles del Movimiento Social Italiano eran poco menos que fortines militares en plena guerra civil. Los asesinatos por parte de la izquierda ante la pasividad y en ocasiones complicidad estatal continuarán, y muchos miembros del Frente de la Juventud y del FUAN, siendo conscientes de que comunistas y democristianos eran enemigos por igual, se verán envueltos en una vorágine de sangre y violencia en muchos casos sin retorno. Como declararía Peppe Dimitri, militante identitario romano de primera línea, “Aquel día es como si hubiera desaparecido para nosotros cualquier tipo de esperanza. (…) Nos sentimos verdaderamente solos contra todos”. La cruda realidad del aislamiento y del hecho de tener en contra a todos los poderes despertaba bruscamente a los militantes identitarios y nacionalistas italianos de los años setenta, ya huerfanos de Romualdi y de Évola.

Primero fueron dos niños, los hermanos Mattei, quemados por ser hijos de un dirigente local del MSI. Dos años después caía asesinado a golpes el estudiante del FUAN, Caravella Mikis Mantakas. Le seguirían durante los años siguientes Mario Zichieri y Bruno Giudici. Pero habría que esperar al año 1977 para que la izquierda diera un importante golpe contra el ambiente identitario romano.
Eran las 18:20 horas de la tarde del día 7 de enero de 1978. Tres jóvenes miembros del Frente de la Juventud del MSI regresaban de un concierto del grupo de música alternativa “Gli Amicci del vento”, hacia su sede local de Acca Larenzia, en el popular barrio romano de Tuscolino. En las inmediaciones de dicho local les esperaba un comando izquierdista que abrió fuego contra ellos, causando la muerte inmediata de Franco Bigonzetti, estudiante de medicina de 20 años y heridas de gravedad a Vincenzo Segneri y Francesco Ciavatta, estudiantes de 18 años. El primero pudo refugiarse tras la puerta blindada de la sede, el segundo sería rematado por la espalda mientras intentaba huir ya gravemente herido. El comando terrorista bajo las siglas Núcleos Armados de Contrapoder Territorial reivindicaba el atentado de la siguiente manera: “Un núcleo armado después de un cuidadoso trabajo de contrainformación y control en el basurero de Via Acca Laranzia ha golpeado a los topos negros en el exacto momento en el cual estos estaban saliendo para realizar su enésima acción escuadrista. Que no se ilusionen los camaradas, la lista todavía es larga”.
Tras conocerse la noticia, miles de jóvenes tomaron las calles deRoma en actos de protesta por el atentado. En el marco de dichos disturbios caía asesinado de un tiro en la frente Stefano Recchioni, de 19 años, miembro de la sección de Colle Oppio del FdG y guitarrista del grupo “Janus”. El autor de los disparos fue el capitán de carabineros Eduardo Sivori, absuelto de cualquier cargo posteriormente. Justo un año después, en el curso de una manifestación de protesta por el atentado y sobretodo por la pasividad estatal ante estos hechos, muere también abatido a tiros por la policía el militante misino Alberto Giaquinto de 17 años, también su asesino fue absuelto sin cargos. Los asesinatos de Acca Larenzia marcan el inicio de los llamados “años de plomo”, una época en la que “matar a un fascista no era delito” y en la que las sedes de las secciones juveniles del Movimiento Social Italiano eran poco menos que fortines militares en plena guerra civil. Los asesinatos por parte de la izquierda ante la pasividad y en ocasiones complicidad estatal continuarán, y muchos miembros del Frente de la Juventud y del FUAN, siendo conscientes de que comunistas y democristianos eran enemigos por igual, se verán envueltos en una vorágine de sangre y violencia en muchos casos sin retorno. Como declararía Peppe Dimitri, militante identitario romano de primera línea, “Aquel día es como si hubiera desaparecido para nosotros cualquier tipo de esperanza. (…) Nos sentimos verdaderamente solos contra todos”. La cruda realidad del aislamiento y del hecho de tener en contra a todos los poderes despertaba bruscamente a los militantes identitarios y nacionalistas italianos de los años setenta, ya huerfanos de Romualdi y de Évola.

jueves, 3 de enero de 2013

Kali Yuga


La era oscura (kali yuga) en la cual nos encontramos actualmente, es la peor etapa de la evolución del hombre y se caracteriza por el dominio de la mezquindad, por la ausencia de espiritualidad y por la abundante presencia de todos los pecados capitales.

Decima Balder - Santa Giovinezza Legionaria